Días atrás el “mentor” de Encuentro Misionero anunció con bombos y platillos “una herramienta financiera para motorizar infraestructura en los municipios”. En el texto de la publicación nos quiere vender el nuevo «bono multipropósito» de Carlos Rovira como la octava maravilla del federalismo y la salvación de la obra pública en Misiones. En los papeles suena hermoso: conectividad, energía solar, escuelas y asfalto en plena crisis nacional. Te lo pintan como una jugada maestra de «iniciativa propia». Pero si raspás un poco, lo que hay de fondo es pura necesidad electoral y, para colmo, un cortocircuito institucional gigante.
En concreto: la nota saca chapa citando el artículo 101 de la Constitución provincial para darle legalidad al asunto. Pero se pegan un tiro en el pie por ignorar cómo funciona la división de poderes. Ese artículo regula las atribuciones de la Cámara de Representantes para autorizar empréstitos, pero la gestión financiera y el pedido de deuda pública son una facultad exclusiva del Poder Ejecutivo (el Gobernador). Acá, el que sale a cortar el bacalao y a anunciar las herramientas de financiamiento del Estado es el jefe del poder Legislativo. Nos quieren disfrazar de «sinergia entre poderes» lo que en realidad es una avivada: el mentor de la criatura salta por encima de la lapicera del Gobernador para anotarse el poroto. Al final, el texto expone sin querer quién maneja realmente el poder real en la provincia.
Ahí te das cuenta de cuál es la verdadera urgencia detrás del apuro. El mismo artículo te lo confiesa sin ponerse colorado: dicen que este bono es la pieza económica clave para que el nuevo espacio, Encuentro Misionero, arme listas y compita en los 79 municipios de la provincia de acá a 2027. O sea, usan la billetera del Estado —y la deuda que vamos a pagar todos los misioneros— como caja política para alambrar el territorio y tener a los intendentes alineados.
Está genial que se piensen alternativas para mover la economía local en un contexto difícil, pero que no nos vendan épica institucional. Cuando la necesidad electoral quema, no les importa saltearse el orden constitucional ni desbancar la figura del Ejecutivo con tal de asegurar los recursos y la estructura para la próxima campaña.

